De Marcos compartió algunas de las experiencias vividas durante sus estancias de voluntariado en África, Perú y en las islas griegas, donde colaboró con personas refugiadas.
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El pregón se enmarca en la programación especial con la que la diócesis de Vitoria participa en la celebración de los cien años del DOMUND, jornada instituida por el Papa Pío XI en 1926.
La programación continuará el domingo 18 de octubre, Día del DOMUND, con una Eucaristía concelebrada, presidida por el Obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, a las 10:30 en la Catedral Nueva de María Inmaculada y que será retransmitida en directo por La 2 de RTVE. Además, hasta ese mismo domingo, la misma Catedral Nueva acogerá la exposición ‘El DOMUND al descubierto’, una muestra abierta y gratuita promovida por las Obras Misionales Pontificias.
A continuación reproducimos íntegramente el texto de la intervención de De Marcos:
Arratsalde on!!! Buenas tardes a todos.
Lo primero que me gustaría hacer es dar las gracias a Obras Misionales Pontificias por haber pensado en mí, por darme la oportunidad de estar hoy aquí dando el pregón del DOMUND.
Cuando me lo propusieron, antes de decir que sí, quise preguntárselo a dos personas que han sido muy importantes para mí a lo largo de mi vida.
Curiosamente, las dos me vinieron a decir prácticamente lo mismo: «Si tú crees que puedes ayudar, nosotros siempre te vamos a decir que sí». Así que, siendo aquí, en Vitoria, en Álava, en mi casa, y tratándose además de una fecha tan importante, me decidí a hacerlo.
Lo curioso es que, según se iba acercando este día y empezaba a pensar qué quería contaros, cada vez me entraban más dudas sobre si realmente yo era la persona indicada para estar aquí. Porque empecé a hacer cuentas y he tenido la enorme suerte de hacer voluntariado en África, en Perú y también con los refugiados en las islas griegas.
Y si junto todo el tiempo que he dedicado a esas experiencias, seguramente estaremos hablando de cinco o seis semanas de mi vida. Y entonces pensé:
¿Qué hago yo dando un pregón del DOMUND delante de personas que han dedicado años y, en muchos casos, su vida entera a ayudar a los demás? Seguramente parte de la respuesta sea bastante sencilla. Yo soy una cara conocida, soy alavés y este año estamos celebrando el DOMUND aquí en Vitoria. Entiendo perfectamente que todo eso hace que mi nombre pueda encajar para dar este pregón.
Pero precisamente pensando en ello llega una reflexión que me gustaría contaros hoy. A veces confundimos ser conocido con ser importante. Ser importante en esta vida tiene mucho más que ver con ayudar a los demás que con querer ser importante.
Ser conocido y la fama es efímero. Pero la gente importante perdura en la memoria y en el corazón. Recuerdo cuando era pequeño, un día en clase de religión nos propusieron hacer una actividad para ayudar a los demás. Y lo que hicimos fue algo tan sencillo como venir a Vitoria a cantar un bingo a una residencia de ancianos.
No hicimos nada extraordinario, simplemente estuvimos allí compartiendo nuestro tiempo con aquellas personas. Pero recuerdo perfectamente la sensación de que había recibido más de lo que había dado. Muchos años después, Marcelo Bielsa, basándose en una frase de Eduardo Galeano, me dijo algo que se me quedó grabado:
«La caridad es vertical porque va de arriba abajo, mientras que la solidaridad es horizontal porque se da entre iguales». Y creo que aquella experiencia de niño es un muy buen ejemplo de lo que significa esa frase. Porque ayudar no siempre consiste en hacer grandes cosas ni en viajar a la otra punta del mundo. A veces consiste simplemente en estar al lado de alguien, en dedicarle tiempo, escucharle o acompañarle.
Y muchas veces tenemos a esas personas mucho más cerca de lo que pensamos: entre nuestros amigos, en nuestro pueblo, en proyectos de nuestro entorno o simplemente en nuestra propia familia. No hace falta coger un avión para ayudar, aunque yo siempre recomendaría hacerlo.
Lo bonito de la solidaridad es que todos tenemos algo que ofrecer, que por pequeño que parezca puede ser muy importante para otra persona. Hay otra cosa que he aprendido en estos años: que cuando ayudas recibes mucho más de lo que das.
Y aquí quiero recuperar una frase que decía mi bisabuelo y que ha pasado de generación en generación. Y a día de hoy mi padre nos la sigue repitiendo. Creo que aquí, en el País Vasco, se va a entender muy bien: «El amor es como un frontón: cuanto más fuerte le das a la pelota, con más fuerza te vuelve». Creo que pocas frases explican mejor lo que sentí en las experiencias que viví de voluntariado. Para contaros por qué tengo que volver unos cuantos años atrás. Siendo un jugador del Athletic, estaba dando una charla en un colegio de Deusto, en Salesianos, cuando un chaval me hizo una pregunta:
«Tú, que eres una persona socialmente conocida, ¿cómo utilizas ese poder que tienes para ayudar a los demás?». No supe qué contestar, pero aquellas palabras hicieron que, al terminar la charla, fuera directamente a hablar con el director del colegio. «Quiero irme a África», es lo que le dije.
Y así fue. Unos meses después, ahí estaba con 20 años en África, intentando poner los pies en el suelo después de haberme creído una persona importante simplemente por ser conocida. Y allí la realidad era bien distinta.
Los importantes eran ellos y a mí no me conocía nadie. Y una vez más recibí mucho más de lo que pude dar. Entonces empecé a entender de verdad aquella frase de mi bisabuelo.
Porque había ido allí pensando en lo que yo podía aportar, pero volví con muchísimo más de lo que había dado. Hubo una situación en uno de aquellos viajes que me marcó especialmente, una situación que creo que explica perfectamente lo que significa ser misionero.
Un día estábamos comiendo, estábamos tres curas, tres voluntarios y entre ellos estaba José Luis, uno de los misioneros que llevaba más de 25 años dedicando su vida a ayudar en África. En ese momento recibió una llamada.
Recuerdo perfectamente cómo se levantó, cogió a Patricia, una de las voluntarias que estaba con nosotros, y salieron corriendo. Solo nos dijeron: «Luego os contamos». Volvieron por la noche.Una niña había sido acusada de brujería, se habían enterado de que estaba en peligro, habían ido a buscarla y la habían llevado al internado de mujeres que había allí, en Kara, en Togo.
Al día siguiente nos subimos todos a una furgoneta y fuimos a hablar con la persona que había acusado a aquella niña. Allí fui consciente de la gravedad de lo ocurrido. Aquella niña corría el riesgo de que la mataran. Pero vi en primera persona cómo José Luis se enfrentaba a aquella situación por una persona que el día anterior ni siquiera conocía.
Estuvo dispuesto a poner en riesgo su vida para salvar otra. Porque hay actos de otras personas que te cambian, que te hacen pensar en que de alguna manera también cambian tu forma de actuar. Y quizás hoy, después de darle tantas vueltas a por qué demonios estoy yo hoy aquí dando este pregón, he encontrado la respuesta. Porque tuve la suerte de estar allí y verlo, y hoy tengo la suerte y la oportunidad de estar aquí y contarlo.
Y también de poder dar las gracias a José Luis por aquello que vi y por tantas cosas que seguramente no he visto. A Antonio, misionero durante muchos años, cura de Laguardia y un referente en nuestro pueblo y en la comarca. Porque si José Luis representa para mí todo lo que aprendí ayudando lejos de casa, Antonio representa para mí exactamente lo mismo de lo que es dedicar una vida a ayudar a quienes estamos cerca.
Ellos dos eran precisamente aquellas dos personas a las que acudí cuando me propusieron dar este pregón. Y hoy quiero aprovechar sus nombres para dar las gracias, a través de ellos, a todos los misioneros y misioneras, voluntarios y voluntarias que dedicaron su vida a mejorar la vida de los demás.
Eskerrik asko. Muchas gracias de corazón
Oscar de Marcos
En la Catedral de Santa María de Vitoria, a 14 de octubre de 2026
Pregón completo:
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