El obispo de San Sebastián, Fernando Prado, en su carta para el DOMUND 2026, señala que esta jornada nos recuerda también que todos podemos misionar. «Algunos marchan lejos; otros sostenemos su misión desde aquí. La oración, el ofrecimiento de nuestra vida, la cercanía a nuestros misioneros y también nuestra aportación económica hacen posible que comunidades con muy pocos recursos puedan formar catequistas y sacerdotes, sostener parroquias y llevar adelante tantas obras de evangelización y servicio».
También hace memoria de la historia de las misiones: «Durante décadas, numerosos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de nuestra tierra dejaron su casa y marcharon lejos para compartir la fe y la vida con otros pueblos. Esa hermosa historia misionera forma parte de lo mejor de nuestra Iglesia en Gipuzkoa. Hoy queremos recordarla con agradecimiento, pero no solamente para mirar hacia atrás. La misión no puede convertirse en el recuerdo entrañable de un pasado generoso. Sigue siendo tarea nuestra».
Texto completo:
El próximo domingo 18 de octubre celebraremos el DOMUND. Este año lo hacemos de una manera especial: se cumplen cien años de la Jornada Mundial de las Misiones, instituida en 1926 por el papa Pío XI. Un siglo de oración, entrega y generosidad de tantas comunidades cristianas que han sentido como propia la misión de anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra.
El papa León XIV ha querido ofrecernos para este centenario un lema especialmente hermoso: «Uno en Cristo, unidos en la misión». Nos recuerda así algo esencial: la misión nace de nuestra unión con Cristo. No somos misioneros por iniciativa propia ni simplemente porque queramos hacer cosas buenas. Es el encuentro con el Señor el que nos reúne, nos transforma y nos envía. Cuanto más unidos a Él y entre nosotros, más capaces seremos de llevar a otros la alegría del Evangelio.
Nuestra diócesis de San Sebastián sabe mucho de esto. Durante décadas, numerosos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de nuestra tierra dejaron su casa y marcharon lejos para compartir la fe y la vida con otros pueblos. Esa hermosa historia misionera forma parte de lo mejor de nuestra Iglesia en Gipuzkoa. Hoy queremos recordarla con agradecimiento, pero no solamente para mirar hacia atrás. La misión no puede convertirse en el recuerdo entrañable de un pasado generoso. Sigue siendo tarea nuestra.
Actualmente, muchos misioneros guipuzkoanos, religiosos y religiosas en su mayoría, continúan entregando su vida lejos de casa. Muchas veces en circunstancias difíciles, acompañan comunidades, anuncian el Evangelio y comparten las alegrías, sufrimientos y esperanzas de los pueblos a los que han sido enviados. Ellos nos recuerdan que la Iglesia es verdaderamente universal y que ninguna comunidad cristiana vive solamente para sí misma.
Pero el DOMUND nos recuerda también que todos podemos misionar. Algunos marchan lejos; otros sostenemos su misión desde aquí. La oración, el ofrecimiento de nuestra vida, la cercanía a nuestros misioneros y también nuestra aportación económica hacen posible que comunidades con muy pocos recursos puedan formar catequistas y sacerdotes, sostener parroquias y llevar adelante tantas obras de evangelización y servicio.
También nosotros vivimos hoy en Gipuzkoa una verdadera tierra de misión. Necesitamos renovar el impulso evangelizador de nuestras parroquias y comunidades, acercarnos a quienes se han alejado, acompañar a quienes buscan, transmitir la fe a las nuevas generaciones y atrevernos a hablar de Jesucristo con sencillez y alegría. La misión ad gentes y la evangelización de nuestra propia tierra no se contraponen: nacen de un mismo corazón misionero.
En este DOMUND del centenario os invito, por tanto, a mirar con gratitud hacia atrás y, sobre todo, a mirar hacia delante con esperanza. Que nuestra oración y nuestra generosidad sostengan a quienes han sido enviados lejos, y que su testimonio vuelva a encender también en nosotros el deseo de anunciar el Evangelio.
Pidamos al Señor que haga de nuestra Iglesia diocesana una comunidad cada día más unida en Él y, precisamente por eso, más abierta, más disponible y más misionera.
Que María, Reina de las Misiones, acompañe a nuestros misioneros y misioneras y renueve en todos nosotros la alegría de sabernos uno en Cristo y unidos en la misión.
Con mi afecto y bendición,
In Corde Matris,
+ Fernando
Obispo de San Sebastián

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