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Misión y memoria: desafío y oportunidad

30 abril 2026 by Misiones Diocesanas Vascas - Bilbao Deja un comentario

El Foro de diálogo y encuentro, organizado por CONFER Bilbao, Centro Loyola, Misiones Diocesanas y el Instituto Diocesano de Teología y Pastoral (IDTP), tuvo como lema este año “La Misión: memoria, desafío, oportunidad”. El ciclo, que se desarrolló en Arrupe Etxea (c/ Padre Lojendio, Bilbao), proponía un espacio de reflexión compartida en torno a la misión en el contexto actual.

Entre los invitados de esta edición se encontraba Juan Carlos Pinedo, presbítero alavés, y misionero del grupo  vasco en Ecuador, durante 20 años y miembro del consejo de redacción de esta revista. “Aprendizajes de la misión ‘ad gentes’”, es el título de la ponencia de Juan Carlos, en la que repasaba la historia de nuestras misiones diocesanas y que, por su interés, reproducimos a continuación.

La misión como desarraigo y mirada hacia el futuro es tan antigua como nuestra fe. Todo el tiempo la vida de Jesús es una misión y coloca a sus discípulos en ambiente de misión. No se trata de quedarse cómodamente en un despacho, sino salir, afrontar las situaciones que nos toca vivir y darles respuesta.

 1.- Fundamentación teológica de la Misión ad gentes

Escuchamos en el evangelio de Marcos: Se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed en el evangelio. Llamó Jesús a los doce y los fue enviando de dos en dos con el bastón y nada más. Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio a toda persona que encontréis. Y la prueba es que los apóstoles mueren mártires por todos los lugares de la tierra. En poco tiempo, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.

La Iglesia siempre ha sentido esta necesidad de hacer presente el mensaje de Cristo en todos los ambientes y lugares de la tierra. El Concilio Vaticano II dedicó el decreto Ad gentes a la actividad misionera de la Iglesia en todos los pueblos de la tierra. Es conocido que Juan XXIII puso tres grandes temas para el Concilio y uno de ellos era la Iglesia de los pobres, que el cardenal Lercaro lo presentaba así: Esta es la hora de los pobres, de los millones de pobres que están sobre la tierra, ésta es la hora del misterio de la Iglesia madre de los pobres, es la hora del misterio de Cristo, sobre todo en el pobre.

La Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi de Pablo VI pone a la Iglesia toda en clave misionera y la Encíclica Populorum Progressio del mismo Pablo VI (1967) invita a unir la fe con la vida, nuestra vida cristiana con el desarrollo de los pueblos. Hacer, conocer y tener más para ser más: es la aspiración de los pueblos hoy. El desarrollo es el nuevo nombre de la paz. Y la paz es el fruto de la justicia.

Unir pastoral litúrgica y acción social fue la marca de la Iglesia latinoamericana en estos años y su punto de partida fue la Asamblea de Medellín en 1968. Un punto central en Medellín fue el método adoptado para elaborar los documentos: Ver-Juzgar y Actuar: Visión de la realidad, reflexión teológica y pautas pastorales en consonancia con lo visto y reflexionado. Medellín exige escuchar el clamor de los pobres en busca de liberación y poner en marcha una pastoral misionera saliendo del propio ámbito. Anunciar el Evangelio a los pobres significa entrar en su mundo de miseria y esperanzas.

  Puebla y Aparecida reafirman este camino y la presencia de Francisco como redactor del documento final abren paso a su trabajo como Papa misionero. 

Las 10 mejores frases del Papa Francisco sobre la misión de la Iglesia:

 1. “Toda la Iglesia es misionera”  Evangelii Gaudium, 2013  En su exhortación apostólica, el Papa Francisco subrayaba que la misión no es tarea de unos pocos, sino de toda la Iglesia. Es una responsabilidad compartida por todos los cristianos, sin importar su edad o condición.

  1. “La misión es una respuesta de amor al amor de Dios”. Año de la Misericordia, 2015En diversas ocasiones, Francisco destacó que la misión brota de nuestra respuesta al amor inmenso de Dios. Al experimentar ese amor, no podemos evitar compartirlo con el mundo.
  2. “La misión no es obra nuestra, sino de Dios”Misa de envío misionero, 2016. Recordó a los misioneros que, aunque somos sus instrumentos, la misión es ante todo obra de Dios. No actuamos por nuestra cuenta, sino que somos enviados por Él para transmitir Su amor.
  3. “El ardor misionero es una obligación de amor”. Jornada Mundial de las Misiones, 2017. El Papa enfatizó que el ardor misionero no es una opción, sino una obligación que surge del amor a Dios y a los demás. Es un amor que debe impulsarnos a llevar la buena nueva a cada rincón del mundo.
  4. “La misión brota de la oración y la escucha de la Palabra de Dios”. 100º aniversario de las Obras Misionales Pontificias, 2017 Francisco nos recordaba que la misión tiene sus raíces en la oración y en la escucha activa de la Palabra de Dios. Es a partir de esta relación con Él que nace nuestra pasión por anunciar Su mensaje.
  5. “La misión es una invitación a gastarnos con empeño, creatividad y generosidad”. Jornada Mundial de las Misiones, 2018 Para el Papa, la misión implica un compromiso total, donde cada uno de nosotros debe dar lo mejor de sí, con esfuerzo, creatividad y generosidad.
  6. “Anunciar el Evangelio es la primera y mayor caridad”. Día Mundial de la Caridad, 2018. El Papa aseguró que la mayor obra de caridad que podemos realizar es evangelizar. Llevar el mensaje de Cristo es un acto de amor hacia los demás, un compromiso que debemos vivir con generosidad.
  7. “La misión es el corazón de la fe cristiana”. Jornada Mundial de las Misiones, 2021. En uno de sus mensajes más poderosos, el Papa afirmaba que la misión está en el núcleo mismo de la fe cristiana. Es el corazón que da vida a la Iglesia, y debemos vivirla con valentía y pasión.
  8. “La misión es oxígeno para la vida cristiana”. Encuentro de las Obras Misionales Pontificias, 2023. En un emotivo encuentro con misioneros, el Papa declaró que la misión es fundamental para la vida cristiana, un “oxígeno” que nos da vida y sentido.
  9. “La misión es un incansable ir hacia toda la humanidad”. Jornada Mundial de las Misiones, 2024. En su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2024, Francisco nos invitó a no detenernos nunca. La misión es un camino constante hacia todos, sin importar las dificultades.

El Sínodo de la sinodalidad que nos mantiene en reflexión tiene como subtítulo: comunión, participación y misión, lo cual refuerza este componente del compromiso eclesial en Francisco y León XIV.

La Misión como Iglesia en salida, Iglesia hospital de campaña, atenta a las periferias, dejando de lado el clericalismo: marcas de Francisco.

2.- La Misión encarnada en las congregaciones religiosas, femeninas y masculinas.

A lo largo de los siglos, las congregaciones religiosas han asumido de una manera directa el compromiso misionero. Incluso en nuestras Diócesis, la persona que pensaba en un compromiso misionero “ad gentes”, ingresaba en una congregación, con la idea de partir hacia otras tierras. Las personas que formaban parte de las congregaciones religiosas se lanzaban de por vida a territorios misioneros donde se entregaban a tope por servir a los pueblos más remotos de la tierra. Incluso, cuando nosotros iniciamos nuestro trabajo misionero, lo hicimos, según decía, un documento nuestro, More Religiosorum, al estilo de los religiosos, viviendo en comunidad y programando y evaluando como grupo, nunca en solitario.

Pero nos impactaba que todo sacerdote diocesano, si quería ser misionero, tenía que dejar de serlo para ser religioso. Propaganda Fide no acaba de entender la propuesta de una Diócesis misionera, porque piensa que el difícil trabajo de misiones requiere hombres y mujeres llenos de espíritu evangélico, mortificados, ascetas. Apóstoles habituados a la disciplina de una congregación o una orden religiosa. Misioneros de por vida que, llegados a su punto de misión, quemaran las naves y no pensaran en retornar a su tierra.

3.- La singularidad de Misiones Diocesanas Vascas

Procesos que se ponen en marcha para poner las bases de Misiones Diocesanas vascas

Me voy a servir del libro de Manuel de Unciti: “Los comienzos de la gran aventura”, escrito con motivo de los 50 años de Misiones Diocesanas, en el año 1998.

Después de la primera Guerra mundial, cada Diócesis en Europa trataba de restañar heridas y dejaba de lado el compromiso misional. Nuestra historia comienza con Angel Sagarmínaga que entiende que la movilización misional debe desbordarse a todos los miembros de la Iglesia. Su discurso “Las Misiones católicas” en octubre 1919 en el Seminario de Vitoria enciende la mecha. A continuación aparecerá la Encíclica misionera de Benedicto XV que trata de remover conciencias que califica “como el mayor y más santo de todos los cometidos confiados a la Iglesia llevar el Evangelio al mundo entero.

Era una utopía para aquellos tiempos, para aquellas mentes habituadas a que eso de las misiones fuera propio de frailes y monjas. El Papa convocaba a los sacerdotes a formar parte de la Unión Misional del Clero. Quedó en el aire la pregunta de Fermín Lasuen en Saturrarán: ¿Cuándo llegará el día en que la diócesis de Vitoria pueda por sí misma regir una misión?

La Guerra civil va a dejar en suspenso todas estas iniciativas, pero, retomada la actividad en el Seminario, vuelven los aires misioneros. En el verano de 1945 se reúnen los tres padres espirituales con D. José Zunzunegui y redactan un escrito recordando las viejas aspiraciones del seminario y diócesis de Vitoria para hacerse cargo de una misión en tierra de infieles. Una vez estabilizada la misión en aquellas tierras, podría pensarse en el apostolado en tierras de América. La fidelidad a los orígenes del movimiento misional postula una “misión viva”. La mirada iba hacia la India, donde los paúles de Monseñor Ballester regentaban el Vicariato Apostólico de Cuttack. El obispo transmitió la petición al nuncio. Este les dijo que tenía que consultar con Santa Sede, pero que tenía la impresión de que la Santa Sede desearía más que los sacerdotes de Vitoria pasaran a América más que a una misión viva. En 1946, D. Carmelo Ballester escribe al Nuncio en estos términos: “Han sido varios los sacerdotes de mi Diócesis que me han manifestado el deseo de consagrar su vida sacerdotal en Misiones extranjeras. Algunos se inclinan por Extremo Oriente, otros irían con gusto a América, si se les dirigiese en ese sentido, pero todos los hacen a base de que trabajarían juntos y que sus actividades fuesen consideradas como una expansión de la Diócesis de Vitoria.

Comienzan a caminar las Misiones Diocesanas en 1948. Por fin, en octubre de 1948, ocho sacerdotes de nuestra Diócesis de Vitoria (entonces comprendía todo lo que hoy es Euskadi) parten hacia Ecuador, a la Misión de Los Ríos, que se convierte en Vicariato.

La Misión vasca en los diferentes territorios. La euforia se desbordó en la despedida. Lo que tanto tiempo se había soñado se hacía realidad. Una vez llegados a Los Ríos, se dan cuenta que necesitan mucho más personal para llevar a cabo su tarea apostólica: sacerdotes, seglares y religiosas. Se piden seglares y religiosas para atender la enseñanza, los dispensarios, la formación profesional, la catequesis, la liturgia y la pastoral, para formar equipo y vivir con los sacerdotes.

Existía una tensión entre la Diócesis de Vitoria y Propaganda Fide que quería que el Vicariato se encomendara al Instituto Español de Burgos (IEME). También se vive el problema de que la Diócesis de Vitoria se disgrega en tres y queda en el aire cómo va a seguir esa colaboración conjunta. Las tres Diócesis resuelven este problema, acordando seguir colaborando en el envío y apoyo a las y los misioneros. Y la santa Sede acuerda pasar Los Ríos de Vicariato Apostólico a Prelatura Nullius (con la cual ya no depende de Propaganda Fide) y comienza un tiempo nuevo, con la encomienda a las tres Diócesis vascas del territorio de Los Ríos y el nombramiento de Víctor Garaygordóbil como Prelado de esa Prelatura. Corría el año 1951.

Visto que las evaluaciones de la actuación del Grupo Misionero Vasco en Ecuador eran muy positivas, en 1952, Roma pide al Obispo de Vitoria, José María Bueno Monreal, que las tres Diócesis se hagan cargo de la Prelatura de El Oro, también en Ecuador. Don José Zunzunegui (alma del proyecto misionero) acepta el encargo porque reafirma este fórmula misionera de encomienda a unas Diócesis y porque se reafirma el valor de la interdiocesaneidad para proyectos presentes y futuros. En 1959 se asumen tres territorios más: Manabí en Ecuador, Valle del Tuy en Venezuela, Malange y Sa de Bandeira en Angola. En 1960 en Brasil, en el 62, Ruanda, en el 64 Chile y Katanga, en el 65 otra vez en Venezuela. En total, 10 territorios en menos de 20 años. Es difícil encontrar en la historia de las misiones una expansión tal ni siquiera por parte de las congregaciones misioneras.

Había una preocupación importante: el objetivo no era perennizarnos en esos territorios, sino lograr que funcionaran con su propia gente: había que lograr que tuvieran sus propios agentes de pastoral.

El Concilio Vaticano II va a significar un momento decisivo en la marcha de Misiones Diocesanas: no se trata de convertir, de lograr almas para Dios, sino de caminar como pueblo de Dios. Se trata de que sacerdotes, religiosas y seglares formemos un solo pueblo de Dios que camina por tierras de misión, llevando adelante proyectos pastorales, pero también de atención y cercanía a los más pobres. Lo social adquiere una gran relevancia (ya la tenía) en nuestra marcha.

1971 marca el punto cumbre de la expansión: 255 entre misioneros y misioneras. Sacerdotes son 135, los seglares son 87 y las religiosas 62. Un millón de personas estaban confiadas a sus cuidados evangelizadores: se cumplían los viejos sueños misioneros. Se había soñado con “misiones vivas” y ya las tenían en Angola, Ruanda, Zaire o Congo. Se habían ofrecido para lugares difíciles, soñaron con trabajar juntos sacerdotes, seglares y religiosas, pensaron en estar juntos de los tres territorios vasco, habían querido que la iniciativa arrastrara consigo a las Diócesis y todo ello lo habían conseguido.

Los apoyos que han sustentado el caminar de Misiones Diocesanas

Tres hechos ayudaron a la implicación de las tres Diócesis en este proyecto misionero: 1.- La institucionalización del día 19 de marzo, san José, como Día de Misiones Diocesanas (ya en 1949), cada año con su lema, su preparación y mensaje; 2.- La revista Los Ríos (nacida también en 1949) que llegaba a todos los rincones de las Diócesis y hacía respirar a nuestras Diócesis al compás del mundo misionero; 3.- Las Procuras de Misiones Diocesanas que, desde cada Diócesis, impulsaban la comunicación, el apoyo y la cercanía con todas y todos los misioneros.

Esos tres pilares ayudaron a mantener vivo el fuego sagrado misionero; en todas las parroquias había corresponsales de la revista Los Ríos que la difundían; en las parroquias había grupos misioneros que aceptaban proyectos pastorales en los diferentes lugares de misión. Había abundantes medios económicos para seguir manteniendo en pie todas las iniciativas que se ponían sobre la mesa.

Con motivo de los 25 años de Misiones Diocesanas, Ángel Salvatierra presentó en Saturrarán este informe: “Cuando hace 25 años se aceptó el encargo del Vicariato Apostólico de Los Ríos, se pensaba que fundar y organizar la Iglesia significaba principalmente  buscar, crear y organizar los elementos y medios para la vida de la Iglesia y darles consistencia propia. Se construyeron iglesias, casas curales y escuelas católicas. Antes, lo propio del misionero era lo estrictamente religioso y cristiano. La salvación se consideraba como algo puramente escatológico. Implantar la Iglesia se entendía como calcar un modelo preestablecido y universalmente válido. Hoy, hacer iglesia, procurar la salvación, es promover el desarrollo integral de la persona”.

En este momento (1970-2000) el Grupo Misionero Vasco en Ecuador resumía así sus objetivos pastorales:  1.- Opción preferencial por los pobres; 2.- Creación de Comunidades Eclesiales de base;  3.- Trabajo pastoral en equipo.

 Llega la época del repliegue

A partir de 1975 se comienza a ver que las vocaciones sacerdotales y religiosas en nuestra tierra iban descendiendo y que iba a ser complicado el mantenimiento del número de misioneros y misioneras que mantuvieran los territorios donde estábamos. Comienza la dolorosa fase del repliegue, que se intenta hacer en coordinación con las Diócesis de aquí y de allí. Las Procuras emiten diferentes SOS para encontrar personal que reemplace a los que regresan, porque la idea siempre fue que el compromiso no era eterno, sino temporal.

Por diferentes motivos vamos dejando atrás los compromisos misioneros en diferentes países, quedando a partir de 1995 solamente en Ecuador y Angola; se puso en marcha el compromiso seglar por unos años y también en momentos de verano, pero también se hacía difícil para los seglares dejar unos años sus estudios y trabajos, para luego reemprender el camino.

Actualmente quedan compromisos más puntuales en Ruanda, Ecuador y Angola, sostenidos por sacerdotes que estuvieron allí y regresaron. Pero es interesante que no ha dejado de haber compromisos con diferentes proyectos de aquellas tierras. La gente de nuestra tierra mantiene el deseo de apoyar proyectos animados por nuestros misioneros.

Es significativa la presencia en los meses de febrero y marzo 2026 de las llamadas Voces del Sur, que proceden de Manabí-Ecuador y Keikor-Kenia. Las tres personas que han venido son ecuatorianas y mantienen nuestro compromiso misionero. A lo largo de este mes han encontrado apoyo y cercanía en las diferentes comunidades cristianas del país Vasco. Nuestra gente recuerda y apoya este compromiso misionero con el título genérico de Misión de Los Ríos.

La revista Los Ríos se ha mantenido viva durante estos años, a pesar de tener menos misioneros activos. Ha cambiado su contenido, ampliando el trabajo misionero a todos los países del mundo donde hay misioneros y misioneras vascos, aunque no sea dentro de Misiones Diocesanas. Es verdad que ha disminuido su edición de revistas en papel, pero se ha ampliado mucho su envío por medios virtuales.

Como un ejemplo significativo de continuidad de la labor misionera, aparece la Fundación Raíces y Sueños de San Isidro, nacida desde las Comunidades Eclesiales de Base y que trata de rescatar la cultura montubia a través del arte y de recoger las experiencias de los mayores. Allí están dos sacerdotes alaveses que estuvieron antes y repiten ahora, dinamizando el proyecto.

Un aspecto muy importante es que ha seguido muy viva la colaboración interdiocesana; después de muchos avatares, siguen vivas las Procuras de Misiones en las tres Diócesis, con reuniones periódicas y preparación conjunta de la jornada de Misiones Diocesanas.

Juan Carlos Pinedo

 

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Publicado en: Noticias

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