El 7 de febrero, el colegio Escolapios de Bilbao acogió el «II Encuentro Memorial Josetxu Canibe».
Su sobrino, Josu Beaskoetxea, nos envía esta crónica de la jornada, que reunió a cerca de 80 personas «para celebrar algo más que una comida. Celebramos memoria, compromiso y futuro. Celebramos vida compartida. Celebramos la segunda alubiada solidaria – Memorial Josetxu Canibe, en una fecha cargada de sentido: apenas tres días después del cumpleaños de Josetxu (4 de febrero) y coincidiendo con el 17º aniversario de la fundación de la Asociación Yan Lur, la causa que abrazó con fuerza en sus últimos años».
Para Josetxu, la defensa del mundo indígena no era una opción más, era una convicción profunda. Decía que eran “los últimos de los últimos”, y estaba convencido de que ahí, precisamente ahí, debía estar construyéndose Reino. Con esa certeza como brújula, comenzó una jornada que combinó organización, emoción, comunidad y alegría.
Preparativos con alma
A las 11:00 de la mañana ya estábamos manos a la obra. El comedor de Escolapios empezó a transformarse poco a poco. Varios roll-ups ambientaban el espacio recordando la trayectoria de Yan Lur y la presencia viva de la Amazonía en nuestras vidas. Entre mesas que se vestían, vajilla que se colocaba y conversaciones cruzadas, se respiraba ilusión compartida.
No era solo una comida: era un encuentro.
La bienvenida: memoria compartida
A las 14:00, puntuales, dimos comienzo al acto con una preciosa foto colectiva: socias y socios de Yan Lur, amigas y amigos, familia de Josetxu. Una imagen que ya forma parte de nuestra historia común.
Luis Vadillo abrió el acto con una breve y cálida bienvenida. Después, Nerea Beaskoetxea, en nombre de la familia, nos regaló una semblanza cercana y entrañable de Josetxu. No habló solo del activista comprometido, sino del hermano, del amigo, del hombre de mirada limpia y palabra firme.
La proyección de un vídeo en el que escuchábamos y veíamos a Josetxu volvió a ponerle rostro y voz entre nosotrxs. Fue un momento de emoción compartida. Su manera clara y directa de nombrar la injusticia, su insistencia en que la dignidad no es negociable, su fe en la acción colectiva… nos atravesaron. Hubo silencios que hablaban.
La mesa fue bendecida con el canto “Eskerrik asko Jauna”, sencillo y sentido. Agradecer, dar gracias, reconocer que lo compartido es don.
Pucheras, sacramentos y conversación
La comida estuvo a la altura del encuentro: pucheras humeantes con sus sacramentos, pasteles, milhojas y café. Entre cucharadas y sobremesas largas se entrelazaron recuerdos, proyectos, anécdotas y sueños.
Se habló de Brasil, de Bolivia, del TIPNIS. Se habló de viajes, de comunidades indígenas, de aprendizajes mutuos. Se habló también de lo que queda por hacer. Porque si algo caracteriza a Yan Lur es que nunca se ha conformado con lo ya conseguido.
Voces desde la Amazonía
Después de la comida, el silencio volvió a hacerse protagonista. Vimos y escuchamos un emotivo vídeo enviado desde la Amazonía, y un audio de agradecimiento recién llegado desde la Amazonía boliviana, desde el TIPNIS. Las palabras que cruzaron el océano nos recordaron que esta alubiada no es un gesto simbólico: tiene rostro, tiene nombre, tiene impacto real.
Escuchar a quienes están allí, cuidando la tierra y defendiendo la vida, fue un regalo y también una llamada. La Amazonía no es una abstracción lejana: es territorio vivo, es comunidad que resiste, es esperanza que brota.
Mirando al futuro: Yan Lur 2025–2030
Luis presentó de manera visual y clara los retos de Yan Lur para el período 2025–2030. Desafíos ambiciosos pero realistas: fortalecer la presencia en comunidades indígenas, consolidar proyectos educativos y de sostenibilidad, seguir tejiendo redes aquí para sostener la vida allí.
Maite, por su parte, compartió un resumen económico de la Asociación. Breve, transparente y contundente. Nos permitió tomar conciencia de todo lo que hemos logrado entre todas las personas socias en estos 17 años: proyectos en la Amazonía de Brasil y Bolivia, acompañamiento continuado, apoyo a procesos comunitarios, presencia fiel.
Diecisiete años no se construyen solos. Se construyen con compromiso, constancia y confianza mutua.
Una frase para el camino
Uno de los momentos más participativos fue la elección, a mano alzada, de la frase-eslogan para los próximos dos años. Entre cuatro frases de Josetxu Canibe, quedó elegida:
«Si nosotros no podemos ayudar, ayudemos al que ayuda»
Una frase sencilla, pero profundamente coherente con su manera de entender la solidaridad: no como protagonismo, sino como apoyo; no como imposición, sino como acompañamiento.
Bingo musical y gratitud
Y si algo sabía hacer Josetxu era celebrar la vida. Así que la tarde continuó con un animado Bingo musical, organizado y amenizado por Albert González, eso sí, acompañado de Josu Beaskoetxea. Risas, canciones, complicidades y algún que otro suspense marcaron el ritmo.
Durante el bingo hubo también agradecimientos especiales:
A Ana Uriarte, socia y directora de Escolapios, por su acogida y apoyo.
A Begoñe Ariño, miembro de la Junta de Yan Lur y pionera en el proyecto, a quien tanto debemos por su ilusión constante, su acompañamiento y su impulso incansable.
Las personas premiadas pudieron disfrutar de regalos de Comercio Justo, coherentes con el espíritu de la jornada.
Y cuando todo parecía haber terminado, apareció otra escena que también habla de comunidad: voluntarias y voluntarios recogiendo, limpiando y dejando el comedor impecable. Sin protagonismos. Como siempre.
Agurra eta etxera
Hacia las 18:00, entre canciones, abrazos y sonrisas, llegó el momento del “Agurra eta etxera”. Despedida y a casa. Pero no fue un cierre, fue un impulso.
La segunda alubiada solidaria no fue solo un memorial. Fue una reafirmación colectiva de que el camino continúa. Que la defensa de los pueblos indígenas sigue siendo urgente. Que cuidar a quienes cuidan la naturaleza es cuidar el futuro común.
Honramos la memoria de Josetxu Canibe no solo recordándolo, sino haciendo lo que él hacía: implicarnos, organizarnos, creer que otro mundo es posible y trabajar por él.
Porque si algo nos dejó claro es que la esperanza no se hereda: se construye.
Y el 7 de febrero, en el comedor de Escolapios, la construimos juntas y juntos.










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