El nombre de Iñaki Larrea Mugika resuena como ejemplo de dedicación y cercanía en la labor misionera javeriana. Nacido en San Miguel de Basauri y ordenado sacerdote el 14 de mayo de 1983 en Gernika, su trayectoria ha estado marcada por la entrega a los más necesitados y el acompañamiento activo a comunidades vulnerables tanto en España como en Colombia.
De derecha a izquierda: Iñaki Larrea, misionero javeriano; Verónica Cabales, coordinadora de la Comunidad Latinoamericana; Marije Calvo, Pastoral de Migraciones; Manuel Heredia, delegado de Misiones; y Jaione López, del Equipo de Misiones.
Primeros pasos y formación
Tras completar sus estudios en Madrid, Iñaki experimentó la vida misionera con un año en Agua Blanca, Colombia, antes de su ordenación. Aquella experiencia, en 1980, sembró en él una sensibilidad especial hacia las realidades sociales y humanas más desfavorecidas. Al regresar, y ya como sacerdote, dedicó diez años a la animación misionera en la diócesis de Bilbao, “pateando las parroquias” y estableciendo lazos con el pueblo.
La misión en Colombia: acción y transformación
En 1993, tras la solicitud del obispo de Cali, Colombia, fue destinado a esta ciudad para liderar una parroquia en una zona de gran pobreza, con cerca de 70.000 habitantes. Su trabajo se enfocó en la formación humana y social, la educación sanitaria y el apoyo a personas desplazadas por el conflicto interno armado que vivía Colombia. Con el apoyo del Ayuntamiento de Basauri, lograron dotar de ordenadores un colegio local, abriendo así oportunidades para los jóvenes en medio de numerosas adversidades.
Iñaki vivió siete años en Cali antes de regresar a España, donde siguió aportando durante seis años a la animación misionera en Murcia y Pamplona, 4 años y 2 años respectivamente. Sin embargo, la realidad de Colombia lo llamaba nuevamente, y tras volver, centró sus esfuerzos en rescatar a jóvenes del riesgo de caer en el círculo de la violencia y las bandas del narcotráfico.
Durante ocho años más en Cali y otros ocho en Bogotá, ejerció como vicario en parroquias situadas en contextos de alta vulnerabilidad. Colombia, marcada por profundas brechas sociales (donde los estratos 0-1-2 representan la clase baja, los 3-4 la clase media y los estratos 5-6 la clase alta), ha avanzado en infraestructuras modernas y se impulsa la educación, incrementando la presencia en las universidades de personas que antes no tenían esa opción; no obstante, la injusticia en la distribución de la riqueza sigue estando muy presente.
Atención pastoral y comunidad: el “Monte Fraterno”
En Bogotá, Iñaki impulsa iniciativas como la del “Monte Fraterno” en Ciudad Bolívar, asentamiento marginal donde se ofrecen servicios de acogida y alimentación. Este espacio se ha convertido en refugio para quienes buscan seguridad, compañía y escucha en medio de la precariedad.
Desde la perspectiva eclesial, las parroquias son lugares vivos y el compromiso de la juventud, especialmente en las zonas rurales, refuerzan la esperanza de una fe activa y comprometida, llegando a tener cinco eucaristías en las parroquias cada domingo.
Erronkak eta etorkizun misioneroa
Iñaki Larrea Mugikaren lana Kolonbiako errealitate konplexuan kokatzen da, non, aurrerapenak egon arren, egitura sozialek desberdintasuna sortzen jarraitzen duten. Bere testigantzak erakusten digu presentzia eta elkartasun misioneroaren garrantzia, etengabeko erronken artean anaikidetasun eta duintasun espazioak eraikiz.
Como dice en el siguiente artículo, Iñaki nos invita a que arriesguemos nuestras vidas, por aquello que tiene valor, pues dándonos a los demás se encuentra la verdadera felicidad: https://mexico.xaverianos.org/articulos/370-la-verdadera-felicidad
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