Desde Guayo, Venezuela
La Misión de San Francisco de Guayo, municipio Antonio Díaz, en el estado Delta Amacuro (Venezuela) es atendida por las Hermanas Terciarias Capuchinas, que trabajan en el Delta del Orinoco desde 1928. San Francisco de Guayo es una localidad habitada por indígenas Guaraos. El último censo de población arrojó una población de 33.700 habitantes. Las misioneras llevan 97 años en la zona. Hasta 1988 regentaron centros de salud y escuelas propias, una vez preparado el personal nativo, se les entregaron las instituciones para su gestión. Existen catequistas, grupos pastorales juveniles, realizan jornadas de profundización en la fe. En la actualidad no cuenta con la presencia de sacerdotes, son las Hermanas las que conducen y acompañan los procesos de evangelización y celebraciones.
Desde lo más profundo del Delta Amacuro, en la apartada comunidad de San Francisco de Guayo, les escribe la hermana Margarita Robles, religiosa Terciaria Capuchina de la Sagrada Familia. Nuestra travesía en este rincón del mundo junto a los indígenas Warao, se extiende por casi un siglo, desde 1928, priorizando la ayuda a los más necesitados. Los warao, cuyo nombre significa “gente que vive en el agua” habitan en las ciénagas y caños del Delta. Viven en palafitos construidos en las orillas de los ríos. Las viviendas son elementales: cuatro o seis palos en rectángulo clavados en el suelo fangoso, con piso de troncos de palmas sin paredes de ninguna especie y techo de hoja de palma.
Mi vocación floreció en la niñez, cuando una misionera Terciaria Capuchina sembró en mí el anhelo de servir, una semilla que germinó y me llevó a elegir el camino correcto.
En el 1998, llegue por primera vez a este rincón de Venezuela como novicia y luego como profesa temporal. Después de estudiar en Italia regresé a Venezuela por un corto periodo de tiempo estando al frente de la pastoral vocacional y como profesora en el Instituto de teología para religiosos, luego pasé dos años en Centroamérica colaborando en la formación de las jóvenes postulantes y novicias, estando allí me fue encomendada la misión en Benín, lo que provocó en mí sentimientos encontrados de alegría y temor. Por un lado, alegría al saberme instrumento de Dios para mostrar su cercanía; por otro lado, miedo al tomar conciencia de la distancia geográfica y cultura distinta de la mía. Sin embargo, la esperanza y el amor de Dios guían mi entrega en esta hermosa, aunque desafiante, vida misionera, siempre colaborando en el campo de la formación, en el noviciado para África ubicado en una remota aldea al sur del país. Debido a problemas de salud estuve allí cinco años y Luego fui trasladada a la República Democrática del Congo, una experiencia que considero un gran regalo de Dios. Allí fui testigo de la generosidad de los más pobres y de su inmensa confianza en Dios, a pesar de las duras circunstancias.
Misiones Diocesanas y “Amigos de Mufunga”
Luego están las experiencias hermosas, auténticas gotas de esperanza. Eso te permite seguir adelante, incluso cuando el camino se complica demasiado y allí tuve la hermosa oportunidad de conocer y compartir momentos especiales como eran para mí cada año la visita de “Los amigos de Mufunga” José Ignacio, Iñigo, Michael y cierre con broche de oro como fue la visita de Monseñor Joseba Segura en junio del 2023, monseñor se interesó en conocer, escuchar a la gente, ver la realidad, escuchar de viva voz los testimonios de la labor realizada por los sacerdotes vascos en esta tierra bendita del Congo, conoció de cerca sus sufrimientos. Creo que ésta es la misión, no otra. Amar a un pueblo tal como es, e intentar compartir algo con él, caminar con él.
En octubre de 2024, regresé a Venezuela con la misma opción: servir a los más pobres. En este momento la misión de Guayo es desafiante, con escasez de medicinas y alimentos, alta desnutrición y la perdida de los valores culturales de la etnia, falta de transporte acuático lo que supone la pérdida de tantas vidas porque no se puede hacer el traslado de los enfermos hasta la ciudad más cercana (Tucupita) a nueve horas de navegación. Nuestra labor aquí en Guayo es tan vasta como el Orinoco mismo. Colaboramos en el hospital, en casos extremos prestamos nuestra pequeña embarcación para el traslado de los enfermos graves, somos las responsables de la pastoral parroquial (hace doce años que no se cuenta con un sacerdote), impulsamos programas sociales de alimentación, alfabetización, promoción social de la mujer. Aparte nos esforzamos por preservar y realzar la cultura Warao a través del fomento de sus artesanías tradicionales y abiertas a los signos de los tiempos.
Estas experiencias misioneras han dejado en mí una profunda huella, un aspecto que me parece importante para la misión hoy es el compromiso de proponer caminos de esperanza, creando redes con todas las personas que buscan construir un mundo mejor, ya sea en Europa, África, América Latina… A todos y cada uno: ¡ánimo y adelante en el Camino!
Hna. Margarita Robles
Terciarias Capuchina de la Sagrada Familia, Provincia Nuestra Señora de Guadalupe
Proyecto de mantenimiento y restauración de sistema foto voltaico, apoyado por Misiones Diocesanas:
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