El Seminario de Vitoria, el mismo lugar en el que hace casi un año se celebraban los 100 años de vida del misionero alavés Peli Romarategui volvió a reunir ayer por la tarde, a la familia misionera, compañeros y compañeras de Peli, familiares, amistades y algunas autoridades, para la despedida de este misionero alavés fallecido el pasado domingo, a los 100 años de edad, que deja un gran legado personal y artístico.
El obispo de Bilbao y delegado para las Misiones diocesanas Vascas, Mons. Joseba Segura, presidió la eucaristía por la vida de Peli, concelebrada por el vicario de Vitoria y otros sacerdotes.
En su homilía, Mons. Segura destacó la figura de Romarategi, de quien dijo que fue «un hombre de fe». Puso en valor el que cariño que Peli siempre tuvo hacia su pueblo, su lengua y su amor por la naturaleza «que se veía en sus mosaicos». Peli sobre todo se preocupó en ayudar a los más humildes y en estar junto a la gente sencilla, conservando siempre su compromiso con las personas empobrecidas «un hombre con gran calidad humana como compañero y amigo».
Mertxe Agirre, de la delegación de Misiones de Bilbao, presente en la despedida de ayer en Vitoria, explica que «fue una celebración entrañable», en la que se recordó cómo su fe llevó a Peli a comprometerse como misionero durante mas de 30 años dejando su testimonio de vida y su sensibilidad artística en mosaicos y vitrales de las capillas, iglesias, casas parroquiales, de la provincia de Manabí en Ecuador. En ellos expresó de manera genial la vida sencilla de la gente, la alegría y la luz del Evangelio.
Como dice el periodista Pablo Corral Vega «Peli nos ha ayudado a reencontrar al Dios sencillo y cálido que habita en nosotros, el Dios amante que aprueba nuestra alegría con su alegría. En los fantásticos mosaicos, en la exquisita madera, en la deliciosa transparencia de los vitrales están los pescadores y los artesanos, los agricultores, los niños, la virgen de rostro caoba y el Jesús de brazos abiertos. En sus obras están las sencillas personas a la que Peli y sus compañeros han dedicado su vida, siguiendo el llamado del Cristo humanado, aquel que busca cobijar a todos los que sufren. Gracias Peli, por recordarnos con tus piedritas de color, con sus trazos ingenuos y sencillos, que el Buen Dios nos pide sumarnos a la tarea gozosa de sanar este mundo de toda violencia e injusticia. Gracias Peli, por nunca haber dejado de ser niño».
El entierro de Peli ha tenido lugar esta mañana en Urkiola:





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