Querido amigo Koldo:
El 17 de febrero de 2022 saliste al encuentro del Gran Amor y nos dejaste hundidos moralmente ante tu inesperada ausencia. Nos dejaste el corazón roto, aunque lleno de ti, de tu generosidad, de esa persona tan cercana, amable y además divertida. Eras un gran amigo, pero también un gran sacerdote, un gran líder que vivía en libertad su fe en Jesús.
Nacido en Rivabellosa en 1959, y tras pasar tu infancia-juventud en el Seminario y ser ordenado en 1983, diste tus primeros pasos como sacerdote en la parroquia de San Juan de Vitoria creando unos firmes e imborrables lazos de amistad y cariño entre tus fieles.
De allí, en 1990, diste el salto a Misiones, en Ecuador, donde sin duda te dejó una marca imborrable la opción por los pobres. En Babahoyo, curiosamente formaste parte del Equipo Pastoral de la Catedral como en otro tiempo me tocó a mí. Te hiciste cargo de la Pastoral Social en especial en la zona de Febres Cordero y Mata de Cacao y te hiciste cargo del Centro Comunal Cristo del Consuelo, para atender sobre todo a un grupo de jóvenes. Siempre has sido amigo de decir las cosas sin rodeos y según me dicen, cuestionabas cualquier actividad y actitud, diciendo las cosas de frente. Durante el mes de agosto, solías hacer las misiones en todo el cantón, visitando la zona rural. Un amigo me dice que eras un misionero de los pobres, cuidando la zona suburbana y la solidaridad fraterna entre la gente. Por ello, organizaste las Bodegas Comunitarias (que no tiene nada que ver con el vino, sino con la ayuda comunitaria en todas las necesidades) en colaboración con nuestro querido MAS (Movimiento de Acción Social, creado curiosamente en nuestros tiempos) y las comunidades eclesiales de base. Buscabas una Iglesia nueva y siempre en renovación, basada en el apoyo y la solidaridad con los más pobres. Allí aprendiste de verdad lo que era escuchar, acercarte a la vida de la gente, a sus problemas, a sus aspiraciones y tratar de profundizar en ellas para llegar a descubrir en su intimidad la cercanía de Dios. Y en 1995 volviste a tu tierra.
Y casualmente, llegaste a nuestra querida parroquia de la Esperanza, donde convivimos durante 15 años y creaste un ambiente de cercanía, acogida y sencillez de una auténtica comunidad cristiana. Allí disfrutamos de un grupo de adultos Haizea en el que pudimos compartir momentos de oración y reflexión de esta nuestra Iglesia que tantos cambios necesita. Por supuesto, fomentaste el grupo de Tiempo Libre, de Scout, de Catequesis, etc. Asimismo, cada fin de año realizábamos una excursión de convivencia para fortalecer los vínculos entre los feligreses de la parroquia. Fueron unos años inolvidables y tu postura siempre era de participación de la gente, incluso en algunos sermones.
Tú mismo nos decías en el folleto de los 50 años de la parroquia de la Esperanza: “La comunidad de la Esperanza me ha aportado una madurez personal en mi vida sacerdotal… Me ha hecho madurar en mi visión de hacer comunidad cristiana en esta Iglesia que algunas veces está un poco alejada de la realidad de las personas, de las cercanas y de las lejanas. Me ha hecho comprender que no hay alejados, sino que nosotros, con nuestra forma de actuar, dejamos fuera a muchos que necesitan entender el mensaje de Jesús… Con creatividad, esfuerzo y solidaridad hacer proyectos nuevos, dinámicas, escuchar y acoger… Me ha hecho sentirme feliz de lo que soy… Siempre estaré agradecido a las personas que hicieron y hacéis posible la Comunidad de la Esperanza”.
Finalmente, en 2010, cuando tú nos hablabas de que necesitabas un descanso y bajar el ritmo de trabajo, nos sorprendiste con tu nombramiento como párroco de Santa Clara, una parroquia de nueva creación y en la que todo estaba por hacer. La verdad que era una parroquia enorme, casi una ciudad con casi treinta mil habitantes y una enorme extensión. Allí lo primero que hiciste fue rodearte de un extraordinario equipo de coordinación, que colaboraba en todas las actividades pastorales. Fue como un milagro que una parroquia recién creada y, gracias a tu impulso y cercanía a todos, de repente se llenase cuando nuestras parroquias estaban perdiendo su asistencia. La prensa se hizo eco en varias ocasiones al no comprender qué había allí o qué hacías tú para que la parroquia se llenase y los niños de catequesis fueran multitud (cerca de quinientos). Es evidente que tu acogida no pasaba desapercibida y la gente acudía a tu despacho para charlar contigo, contarte sus problemas que tú tratabas de aliviar y enriquecerse con tu visión de un Dios Padre/Madre que a todos acoge y abraza sin preguntar lo que han hecho. Lo importante es la actitud hacia el futuro y el tratar de ser mejores personas y por tanto mejores cristianos.
Para la comunidad de Santa Clara has sido nuestro líder y fue increíble, -a la vez que comprensible, dada tu actitud en la vida- ver la parroquia en tu funeral llena por ti y con unos aplausos interminables como gratitud a tu labor. Fuiste capaz de juntar a personas muy diferentes con un objetivo, luchar por esta comunidad, tanto los scouts, grupo de tiempo libre, catequesis, reparto de alimentos por mencionar algunas de las actividades a las que siempre diste tu apoyo. Los cambios recientes en tu anterior parroquia de La Esperanza, te afectaron mucho. Sufriste viendo cómo se desmoronaba el proyecto de parroquia, participativo y abierto, de una forma tan rápida e insensible.
Debes saber que la semilla de tu proyecto es fuerte, has pasado muchos años luchando por este hermoso proyecto de una iglesia comunidad de fieles en las que el sacerdote es el servidor de todos y todos -sacerdotes por el bautismo- colaboran en el proyecto de la comunidad de Jesús. Esperamos ser capaces de seguir llevando adelante tu legado mirando al futuro, en busca de una Iglesia más fraternal, acogedora, participativa y activa. Aprendiste y nos has enseñado lo que sabiamente nos dijo Rabindranath Tagore: “Dormía y soñé que la vida era alegría. Me desperté y vi que la vida era servicio. Serví y vi que el servicio era alegría”. Tu vida de servicio la convertiste en una vida de alegría en el amor de Abbá, donde ahora descansas. Como dijo Gandhi, tú también puedes decir “Mi vida es mi mensaje”.
Beti gure bihotzean eramango zaitugu eta ez zaitugu inoiz ahaztuko. Esker anitz, Koldo lagun hurkoa eta goza ezazu Aita/Amaren etxean. Goian beude!
Un amigo


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