El Papa Francisco nos recuerda que el camino misionero de toda la Iglesia continúa. Venimos de un Mes Misionero Extraordinario que nos ha impulsado a ser novedosos, creativos, impulsores y motivadores de la vocación misionera, hoy más necesaria que nunca, ser enviados como testigos del amor de Dios al mundo y a todos los pueblos.
“En este contexto, la llamada a la misión, la invitación a salir de nosotros mismos por amor de Dios y del prójimo se presenta como una oportunidad para compartir, servir e interceder”.
Cuantas veces nos dicen los misioneros y misioneras esto mismo, su vocación misionera los ha llevado a hacer causa común con un pueblo y que en muchas ocasiones los ha llevado hasta las últimas consecuencias. Lo que el papa llama “pertenencia de hermanos”, sentirnos y ser hermanos allí donde estemos.
La cita que enmarca esta jornada del Domund y el mes misionero “AQUÍ ESTOY, ENVÍAME” (Is 6, 1-13), está entresacada de un relato más extenso de vocación, del profeta Isaías. Este texto recoge la experiencia de toda una vida y presenta el retrato completo de la misión de una persona.
En esta experiencia vocacional podemos identificar los cuatro elementos que el papa nos relata en su texto:
- Una experiencia fuertemente sentida de la grandeza de Dios y, a la vez, de su cercanía…
- Una interpelación personal, que le viene de fuera de él mismo, y que solicita su disponibilidad para una misión…
- La réplica espontanea de quien se siente abrumado y a la vez libre, ante tan importante misión…
- La confirmación y garantía de que no va a estar solo, porque Dios le dice “yo estaré contigo”
Destaca el papa que esto no será posible si no ponemos de nuestra parte, nos pide “nuestra DISPONIBILIDAD PERSONAL para ser enviados, porque Él es Amor”, y nos anima diciendo: “Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo” (EG 49). Sus palabras son un reclamo y nos infunden ánimo también para esta jornada misionera que vamos a celebrar.
Para que esto se pueda sostener nos recuerda que solo será posible si vivimos una relación personal de amor con Jesús vivo en su Iglesia.
Dejémonos acoger y sorprender por ÉL, acojamos la luz que su vida nos ofrece y seamos luz para otras personas.
JESÚS NOS INTERPELA y se continúa preguntando a quien enviar al mundo y a cada pueblo para testimoniar su amor y nos sigue llamando: “Rogad por tanto al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Mt 9,35-38.
Que este mes misionero lo vivamos como una invitación y un desafío para cada uno de nosotros para ayudar a hacer posible el cambio que queremos para el mundo, empezando por uno mismo.
Feli Martín, delegada diocesana de Misiones de Bilbao
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