Por Sor Piedad Guzmán. Hija de María Inmaculada
El que tiene vida tiene una misión, descubrirla es un reto, desarrollarla es el mayor logro y alcanzarla la mayor felicidad y satisfacción.
La vida da vida, la recrea, la recupera, rescata y recicla, la inserta y vivifica.
La Misión no tiene medida, ni puertas ni fronteras ni cosas prohibidas.
La Misión es la esencia de la vida, de la Iglesia, del alma bien convencida.
Da vida y te quita vida, o te la cambia día a día devolviéndotela de otra manera… con una visión distinta y unas perspectivas más amplias y desconocidas.
La Misión es buscar e ir al encuentro con las vidas más destruidas, y abatidas.
Llevando siempre la vida que nos da la fe, la esperanza y la caridad sin medida, sin exclusiones ni condiciones, ni falsas justificaciones…
La Misión es llevar la Palabra de Dios por el mundo entero.
Ser enviado a las personas más necesitadas, a nuestras HERMANAS y HERMANOS más machacados y olvidados, pero por Dios más amados.
La Misión te cambia la vida y te la devuelve más auténtica y quizás más desvalida y, humilde y agradecida.
La Misión es ir dejando vida para que otras personas puedan vivir la suya con dignidad y alegría.
Cuantas vidas nos necesitan, y esperan que les demos la mano para salir del barro, de la violencia, de la marginación o solo de una absurda depresión por soledad, desprecios o injustas situaciones que tal vez una sonrisa y abrazo puede iluminar y aliviar.
La MISIÓN es el Amor de Dios derramado en nuestros corazones y rebosado en los corazones de los empobrecidos de la Tierra. Nuestra MISION es ir al encuentro de los empobrecidos de la Tierra y con ellos y por ellos vivir en nuestra vida la plenitud del AMOR de DIOS.
MISIÓN CUMPLIDA CUANDO LA VIDA DA VIDA, DANDO EL VERDADERO SENTIDO A TODAS LAS VIDAS.
Sor Piedad Guzmán
Hija de María Inmaculada
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