Reflexiones generales en torno a la efervescencia social en Latinoamérica
Xabier Villaverde. Miembro del FEPP (Fondo ecuatoriano Populorum Progressio), ha escrito para la revista Los Ríos un trabajo en el que reflexiona sobre el momento actual en varios países de Latinoamérica. Los Ríos ha publicado un extracto y a continuación reproducimos el trabajo completo:
«Prácticamente toda Latinoamérica vive en un clima de convulsión social. Basta mirar con un poco detalle lo que ocurre o ha ocurrido en Chile, Colombia, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Nicaragua, Paraguay, etc. Incluso en los países donde aparentemente no hay problemas, se percibe una falsa calma, preludio de graves tormentas.
Las convulsiones tienen y muestran distinto signo u orientación socio política; sin embargo, si analizamos con un poco de profundidad, más allá de lo que se expresa en los medios de comunicación social (siempre en manos de los intereses monopólicos y económicos de la derecha), nos daremos cuenta que siempre hay una causa común: el auge de las políticas neoliberales y el intento de los Estados Unidos por recuperar su influencia y poder en Latinaomérica, su tradicional “patio trasero”.
Sudamérica a lo largo del inicio del siglo XXI y durante una gran parte de la década pasada vivió una situación excepcional con una gran mayoría de gobiernos de signo progresista: Chávez y Maduro en Venezuela, Evo en Bolivia, Correa en Ecuador, Mujica en Uruguay, los Kichner en Argentina, Lula y Dilma en Brasil y Bachelet en Chile. Prácticamente sólo quedaron fuera de esta línea política Colombia, Perú y las tres Guayanas. En ese período se pudo avanzar en la integración Latinoamericana con la creación de instancias como la UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas), el fortalecimiento del MERCOSUR (Mercado Común del Sur) el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). Todos estos esfuerzos ahora se encuentran en claro retroceso.
¿Cómo ha podido darse este cambio y hemos llegado a la situación actual?
En su día el politólogo norteamericano, Gene Sharp, definió la teoría del llamdo “golpe de estado blando” que para llevarse a cabo combina una serie de herramientas psicológicas, sociales, políticas, jurídicas y econonómicas. Decribió 5 pasos para crear situaciones desestabilizadoras contra los gobiernos considerados “incómodos” para los USA. Estos pasos son:
- Crear un clima de malestar a través de campañas de supuesta defensa de derechos humanos, acompañas de denuncias de corrupción y de autoritarismo con operaciones de guerra psocológica.
- Generar distorsiones informativas llevadas a cabo por las grandes corporaciones mediaticas; son las noticias falsas o “fake news”. También se utilizan las redes sociales. Esta estrategia se establece en laboratorios comunicacionales presentes en casi todos los países latinoamericanos.
- Calentar las calles con movilizaciones constantes y toda clase de protestas.
- Combinar las tres formas anteriores, corren rumores, se crea una falsa carestía, se acusa al gobierno de incompetente y se inician causas judiciales contra algunas autoridades.
- Lograr que las causas judiciales tengan éxito con el apoyo de los medios de comunicación y hacer que los rivales políticos caigan.
Estas estrategias tienen éxito, baste recordar la caída de Dilma o la condena contra Lula da Silva, cuando era el candidato más pcionado para ganar las elecciones en Brasil, dejando el paso libre al exmilitar fascistoide de Bolsonaro. En el mismo sistema se encuentran las causas contra Cristina Fernández, Rafael Correa y Evo Morales después del golpe de estado.
No se puede negar que los llamados gobiernos progresistas o del socialismo del siglo XXI cometieron muchos errores, que tuvieron efectivamente casos de corrupción y que cayeron en abusos de poder. Sin embargo, lo que vino fue mucho peor: el regreso de las más crueles medidas neoliberales que garantizan el dominio absoluto de las corporaciones internacionales y de las oligarquías criollas, sustentadas por los organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial.
En este contexto hay que entender las movilizaciones populares, ya que, a pesar de las estrategias de los grupos de poder y la manipulación, la protesta y la resistencia popular siguen siendo un arma de la lucha de los pobres. En Ecuador la protesta contra el “paquetazo” de Lenín Moreno fue liderada por el movimiento indígena; en Colombia además del rechazo a las medidas neoliberales se unieron las denuncias por los asesinatos contra líderes sociales, defensores y defensoras de los derechos humanos y exguerrileros/as de las FARC a pesar de la firma de la paz; en Chile, considerado desde la época de la dictadura de Pinochet como el modelo y ejemplo a seguir, la subida de los pasajes y las protestas de los jóvenes pusieron de relieve la profunda injusticia de una de las sociedades más desiguales de Latinoamérica; en Bolivia, después de un supuesto fraude electoral y de las movilizaciones de los sectores mestizos de la oligarquía cruceña que dieron el golpe de estado a Evo Morales con el apoyo de las fuerzas armadas y policía, los sectores indígenas, mayoritarios en Bolivia, salieron a oponerse al nuevo régimen racista, xenófobo y ligado al fundamentalismo evangélico
En todos estos casos las movilizaciones populares se saldaron con un gran número de muertes, mostrando que, cuando los neoliberales están en el poder, no ahorran medios para generar represión y muerte. Lo curioso es que desde los gobiernos y los medios se acusa de violentos a las personas que son las víctimas de la violencia estructural que ejerce el poder.
Las movilizaciones de la derecha en Venezuela en contra del régimen de Maduro, prescindiendo de que nos caiga bien o mal este personaje, son respondidas por movilizaciones de personas adictas al régimen y por el apoyo mayoritario de las fuerzas armadas, mientras se mantiene la ficción del autoproclamado presidente, Juan Guaidó.
La amenaza permanente de intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela y lo ocurrido con los militares en Bolivia nos indican que quizás ya no se considera suficiente el dar “golpes de estado blandos” y que se está pensando en recurrir a los sangrientos golpes de estado de los años 70 del pasado siglo.
¿Hay signos de esperanza? Por supuesto, en Ecuador el éxito del movimiento indígena, aunque parcial, nos muestra que el pueblo no está dispuesto a aceptar cualquier cosa; también en Chile se ha logrado que el gobierno dé marcha atrás en sus medidas y se revise la propia constitución; en Bolivia habrá elecciones con participación del MAS (Movimiento al Socialismo) de Evo Morales, aunque hay serias dudas sobre si habrá una elecciones limpias; finalmente, en Colombia se está cuestionando la impunidad de la que siempre han gozado los paramilitares y las fuerzas armadas.
La tarea en estos momentos consiste en consolidar las comunidades y organizaciones populares, su conciencia, su orientación al bien común, su compromiso con la conservación de la “casa común” de la que nos habla el papa Francisco y sosteniendo la fe y la esperanza en el Dios de la Vida que nos anima a construir su reino de justicia, verdad, paz, gracia y amor».
Xabier Villaverde
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