A lo largo de este mes de octubre, seguro que hemos leído noticias y artículos sobre la situación por la que está pasando Ecuador, país tan querido y cercano para quienes pertenecemos a la familia misionera.
Para conocer más sobre ello ofrecemos, en tres entregas, el testimonio de tres personas que aportan información desde tres realidades diferentes: Por una parte Beatriz García, Bachita, misionera del instituto Misionero Secular IMS ecuatoriana, que está en Ricarte, Los Ríos; por otra parte el testimonio de una mujer indígena, extractado de una información de El diario. es, y también le hemos pedido a Juan Ignacio Vara, presbítero de la Diócesis de Bilbao, misionero en Ecuador durante 40 años y gran conocedor de la realidad ecuatoriana y latinoamericana, que aporte su mirada.
12 días de paralización hasta la derogación del decreto
El 3 de octubre iniciaron las protestas en todo el país ante el decreto 883 en el que se liberaba el precio de los combustibles, receta impuesta por el fondo Monetario Internacional dentro de sus condiciones de crédito al Estado Ecuatoriano.
Este estallido social para muchos no sucedía, debido al cerco mediático, los canales de radio y televisión no transmitían los movilizaciones, sin embargo la población vivía los efectos de la paralización del transporte y los cierres de vías por todas partes.
La policía comenzó a reprimir con mucha fuerza y violencia, es cuando se activan las redes sociales para hacer conocer la realidad de los hechos, circularon muchos audios y vídeos mostrando las manifestaciones y también la represión policial y militar.
Cada día se incrementaban las manifestaciones, sobre todo en las provincias de la Sierra y de la Amazonía. Grandes grupos de la población indígena y amazónica se trasladaron hasta Quito para hacer oír su voz de protesta: “se cae el paquetazo o se cae el gobierno”.
El presidente, mientras tanto, cambió la sede de gobierno a Guayaquil, decretó estado de excepción y después toque de queda. La Alcaldesa de Guayaquil cerró el ingreso a la ciudad para que ninguna manifestación indígena o montubia pueda entrar, so pena de ser masacrada.
Las universidades abrieron sus puertas y acogieron a la población indígena sobre todo a las mujeres con sus hijos pequeños, crearon “zonas de paz” que no fueron respetadas por la policía que lanzó bombas al interior, por la noche cuando estaban terminando de celebrar una eucaristía.
Mientras tanto iniciaron las persecuciones a líderes populares, autoridades de elección popular, dirigentes de comunidades y organizaciones sociales, acusados de terrorismo, vandalismo, rebelión, golpistas…
También fugaron los capitales en estos días: más de 500 millones de dólares salieron del país.
Fueron días de mucha zozobra, la liberalización del precio de los combustibles se estaba ejecutando, muchos líderes perseguidos, organizaciones saliendo a las calles, infiltrados causando saqueos y terror, la fuerza pública atacando con fuerza y matando, vivimos una grave crisis política y una conmoción social inédita en los últimos años.
La Defensoría del Pueblo registró un total de 1192 personas detenidas, ocho personas fallecidas y 1340 personas heridas. Más del 80 % de detenciones realizadas durante las protestas de octubre fueron ilegales y arbitrarias lo confirma el Defensor del Pueblo.
Circularon muchos manifiestos por parte de sectores gremiales, organizaciones sociales, universidades, comunidades religiosas, haciendo un llamado al gobierno para que adopte otro tipo de medidas que no afecten a las mayorías más pobres.
Hasta que llegó el día del diálogo, facilitado por Naciones Unidas Ecuador y la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, finalmente la derogatoria del decreto 883, pero nos quedó un sabor a no haber alcanzado lo que se debía, no había triunfo que celebrar, el presidente se fue de la mesa de diálogo sin firmar la derogatoria del decreto en cuestión. El Movimiento indígena anunció su retirada de la ciudad de Quito y de las gobernaciones de algunas provincias.
En la madrugada del lunes 14 de octubre teníamos más líderes encarcelados, sin pruebas de las acusaciones y violentando el debido proceso.
Siento mucho dolor en mi corazón por tantas personas víctimas de la violencia y persecución. Sin embargo aguardo con esperanza mejores días para nuestro país, lograr la derogación del decreto es haber sentado un precedente para que el gobierno ecuatoriano y los organismos de crédito internacional como el FMI sepan de no pueden imponer recetas que empobrecen a las grandes mayorías.
Beatriz García, Bachita, misionera del instituto Misionero Secular IMS ecuatoriana, que está en Ricarte, Los Ríos
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