Entrañable amigo Vicente: Nos dejaste el 24, el Día de Noche Buena. Me haces recordar al otro gran amigo, Alfredo Zabala. Tú, Vicente, eras otro de los mayores amigos. Lo vivimos en medio de la Navidad del amigo Jesús, el del pesebre. En el torbellino de los demonios inmundos de esta maldita pandemia.
Cierto, Vicente, que estabas fastidiado, por no decir…Como te diría un navarro: “ sí, te veo jibao”. De futuro, poco. El golpe fue duro, seco, golpe bajo, mucho grande nos asegurarían los de tu querido y mi querido pueblo de Kripán.
Quiero comunicaros unas hondas vivencias desde dentro de mí. Primera experiencia: Vicente- amigo.
No eras persona de “relaciones públicas”. Tenías amigos sí, de seguido, permanentes, fijos, tenías cuadrilla, algunos y algunas vivíamos con parecida cercanía. Qué sano, qué bueno, qué espiritual en la vida de un cura. Sí, estoy hablando de Espiritualidad. Y algo más: Cuidabas, Vicente, las amistades. Hablo de mí. Poseías una fuerza propia, original, tuya. Eras, además, inteligente, pensabas las cosas tres veces, para bien y para mal quizás. Creabas ideas, con libertad, eras un adelantado a nuestro querido Mundo y a nuestra querida Iglesia. Y es que la querías otra: donde los últimos sean los primeros. ¡Y cómo sufrías!
Y algo más, amigo querido Vicente, eras mi confidente. En Ecuador se forjó y consolidó nuestra amistad. Después ha ido creciendo, perduraba, porque una amistad así no muere, es vida que vive y seguirá viviendo.
Segunda experiencia: Misioneros en Manabi, Ecuador:
Con nuestras queridas Misiones Diocesanas Vascas. En la Costa del Pacífico, con las queridas gentes de Manabí, en Pedernales, en Bahía de Caráquez. Diez preciosos años: del 69 al 79. Yo me junté en el 72.
Antes de Ecuador hubo unos años importantes, pero los quiero enmarcar aquí.
Agradezco a tu primo Félix Placer, buen amigo mío, que en el funeral hiciera referencia expresa a tu primer compromiso pastoral. Te entrenaste como cura rural en mi querido pueblo de Kripán, en el paraíso de La Rioja Alavesa. Vivíamos en el pueblo momentos difíciles. Y tú supiste estar ahí, de pie. Entraste en relación con la gente, sobre todo con los chicos y las chicas del Pueblo. Horas?: muchas y días y días. En el Café-Bar del Señor Calixto, en las bodegas, con Catalina tu querida patrona y con su hermano Pablo. Como en casa. Sabes, Vicente, que te quieren mucho, y es que has cuidado esas amistades, es algo que llevabas dentro. En el Cementerio de San Salvador lo viste y lo vivimos.
Pero vamos al grano: ¿Por qué a Ecuador, amigo Vicente?
Diste un buen salto: De Kripán a la Provincia de Manabí, tierra de Costa y Montaña, campesinos y pescadores de pequeñas lanchas y cortas redes. Tierra hermosa como ninguna, así la cantan.
Comparto lo que dije emocionado al despedir al otro amigo entrañable, misionero, Alfredo. Allí, en la acogedora Urkiola: “El poeta-cantautor lo expresa con maestría: Alfredo (hoy es Vicente) la madrugada no tiene corazón, vámonos pa´ el Sur”. Otro Mundo, otra Iglesia… haciendo camino, no para salvar almas, sino para aprender y acompañar. Con la mirada puesta en los pobres de la Tierra.
Aquella querida gente de Manabí, en el Cantón Sucre, nos ha hecho personas, creyentes en la Palabra de Dios que es Jesús, nos enseñaron a ser curas. Otro amigo lo expresaba así: “Nos distéis la mano, amigos y amigas manabitas-ecuatorianos –ecuatorianas, nos entregasteis el corazón. Nos abrazamos, nos besamos. Nos acogisteis con vuestra alma universal. Y así, agarrados en apretado abrazo, empezamos a ser otros y otras.
El Equipo Misionero Vasco en Manabí era excelso:
Seglares jóvenes, llenos de vida, ellas y ellos, las tengo y les tengo presentes uno a uno y una a una. (Me parece mucho ir citándoles con su nombre). Se lo merecen. Al amigo y maestro Peli sí tengo necesidad y obligación de nombrarle. Nuestro entrañable compañero Peli. Tú y yo y todas y todos gozamos de su trabajo y de su presencia. Te conocieron, Peli, en los pueblos y recintos más alejados y por ello más marginados y olvidados. Y ¿ quién no pasó buenos ratos en el taller pegado a la Iglesia de Bahía? Y esta vida pastoral fue posible gracias a los frutos de tus trabajos de artesanía.
La Comunidad Mercedaria de Berriz, mujeres enteras, religiosas entregadas. Inolvidables personas.
Y el grupico de curas de los tres territorios de Euskadi.
Tú, Vicente, en Bahía de Caráquez, fuiste uno más en los Equipos de Misión, recorriendo recintos de montaña y de playas animando la creación de las Pequeñas Comunidades de Base. Fuiste y fuimos alumnos privilegiados de Mons. Leonidas Proaño, el Obispo de los Indios en la querida Riobamba.
Una cosica, Vicente. Sí que te gustaba la hamaca de la sala de abajo en nuestra casa de acogida “Kresala”, en Bahía. Eso sí, nos decías: “Eduardo, en la refri está una cervecita Pilsener”. Y a comer donde las religiosas Mercedarias de Berriz en la casa de al lado. Y qué deciros del pequeñico frontón en el patio para jugar al Voley, a mano y a pala.
Se nos criticó dentro del mismo Grupo Misionero Vasco en Ecuador por nuestros análisis de la realidad y por prioridades pastorales en consecuencia, pero siempre hubo tiempo de poner las cartas encima de la mesa, de intercambiar y compartir la Pastoral acogiendo y participando en los períodos de las Misiones en las distintas Zonas de El Oro y Los Ríos. Me atrevo a afirmar – en el día de hoy – que vivíamos ya lo de hacer camino juntos como Iglesia Sinodal.
Concluyendo:
He comunicado a mi querida gente de la Zona de Araia, en La Llanada, -por cierto después de venir de Ecuador trabajaste pastoralmente en Alegría-Dulantzi, que nos ha dejado mi entrañable amigo Vicente. Algunos y algunas tuvieron la suerte de conocerte a ti y a tu primo Félix, pues la Pastoral Rural en la Zona y en la Diócesis siguió teniéndonos muy unidos.
Despedida al comenzar la Navidad. Este año la he vivido especialmente como Fiesta de Familia y Fiesta de la Amistad. La Navidad es Misterio de Amistad.
Amigo Vicente te despedimos con un adiós entre los labios y con un suspiro en el corazón. Eskerrik asko!
Eduardo Calleja, Araia, enero de 2022
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